domingo, 16 de diciembre de 2012

un sueño en la oscuridad

Publicado por Claudia en 17:27 0 comentarios
entre el cielo y el infierno
un beso envenenado
enciende el fuego inevitable
excitarte con palabras,
con la luz y con el tiempo

todas las puertas se cerrarán
tras nuestros pasos
te guardaré como un acertijo
entre mis manos
cerrar los ojos,
morder los labios,
y se descubrirá el amor sobre nosotros

a oscuras se dicen más mentiras,
escondo mi cuerpo entre tu ropa
deshójame lentamente
mientras te lleno de torpes caricias
tus manos en mi cintura,
juguemos al cortejo de las sombras

ayúdame a matar el invierno
con el calor que desprenden nuestros cuerpos
no se quema mi lengua,
arde mi corazón
descubriendo el camino hacia tu espalda
en cada movimiento calculado

violentas flores se abren sobre mi cuerpo
con el paso de tus manos
vida y muerte
el sueño más perfecto entre mis piernas
dolor que es maravillosa aventura

perderemos los ojos,
las narices, los labios,
todo será un oscuro recuerdo
soñar en voz alta
y gritar que te quiero
cama que cruje
al peso de dos cuerpos
que por fin se descubren

desaparecer
por un segundo increíble y fugaz
tú no serás más tú,
y yo no seré más yo




jueves, 6 de diciembre de 2012

Mint Car

Publicado por Claudia en 18:43 2 comentarios
Las imágenes pasan como una película antigua que alguien está adelantando, los colores son pasteles y en la pantalla gigante están las manchas y las rayas de las películas viejas. Es una historia de amor que degenera en una terrible ruptura. El soundtrack es básicamente The Cure (porque cuando suena la música de Jack Johnson la protagonista está bailando descalza y feliz de la vida en todos los escenarios).
No terminaré de entender nunca cómo esa muchachita independiente, terca, necia y molesta con todo el universo terminó derritiéndose y subordinándose de tal manera a tus pies. Yo la recuerdo caminando siempre muy adelante tuyo, ensimismada en sus propios pensamientos; tanto que te dejó un par de cuadras atrás y solo se volvió a darse cuenta de que no estabas cuando le gritaste desde la calle más abajo. La que no te miraba a los ojos cuando hablabas de tus tonterías musicales tratando de impresionarla, la que te empujó cuando quisiste darle un beso, la que se ahogó de risa cuando le dijiste por primera vez que la amabas. 

¿Te acuerdas que nos conocimos precisamente un mes de diciembre? En una feria de esas que ya no existen en el Trigal, me escondí entre los stands mientras llamabas a mi teléfono sin parar, no quería verte, no quería que mis amigas te vieran… ya era suficiente con que habláramos tantas horas por internet sin siquiera conocernos en persona. Pero apareciste, me encontraste, pusiste un dedo en mi espalda y yo me voltee tratando de parecer genuinamente sorprendida cuando había adivinado que tenías que ser tú. Y nada fue raro, nada fue lo que esperaba. Me saludaste como si me conocieras de años, como si hubiéramos sido amigos de toda la vida. Hiciste reír a mis amigas, te portaste como el extraño menos extraño de mi vida, me hiciste reír a mí, me tocaste la barriga y me luciste con tus amigas; no entendía qué estaba pasando…

Recuerdo haber llegado esa noche a mi casa pensando que haberte conocido así sería algo que jamás iba a olvidar… Y no me equivoqué. Hoy aunque no lo creas me acordé de ti por las lucecitas del árbol de navidad de mi sala que se reflejan en la ventana desde donde debería estar estudiando para mis exámenes finales; y te recuerdo sorprendiéndome incluso a mi misma con mucho cariño pero lo que es más importante, con respeto. Después de esa navidad en la que nos conocimos pasamos dos navidades más estando juntos, tus regalos los conservaré conmigo siempre –no por el valor material- sino por lo que significaron. Fui un Grinch navideño y sé que lo fuiste tú también durante mucho tiempo, hasta esas dos navidades en las que tuve un regalo especial que hacer, el regalo que era para ti.

Lamento mucho si hable de más, si escribí cosas que no te gustaron, si te ataqué, si te hice reclamos fuera de tiempo, si me excedí, si me aproveché de alguna manera las últimas veces que nos vimos. Quisiera que sepas que en el fondo me muero por ser tu amiga, aunque eso no pasará en ningún tiempo cercano. Por eso te escribo, porque sabes que es lo que hago mejor, y te digo la verdad: ya no te guardo más rencor. Te perdoné hace mucho tiempo y no he dejado nada más sin decir salvo lo que estoy escribiendo aquí. Espero sinceramente desde el fondo de este corazón que alguna vez latió muy fuerte junto al tuyo, que encuentres lo que estás buscando, que tengas mucha suerte y que todo lo que deseas que suceda en tu vida se haga realidad y que sea siempre lo mejor para ti.
Solo te deseo feliz navidad a ti, porque la odiabas tanto como yo en algún momento. Sonríe que ya se acaba el año, ya murió el invierno ¡puedes andar en sandalias y la gente ya no te mirará raro!


 

en la cabellera enredada de una niña en la vía láctea Copyright © 2012 Design by Antonia Sundrani Vinte e poucos