jueves, 11 de octubre de 2012

Todo lo que termina, termina mal

Publicado por Claudia en 23:23


No vine a pintar ningún cuadro. Estoy sentada aquí, al frente tuyo y al frente de mí, después de haber tenido éxito retrocediendo el tiempo a más de un año atrás. La escena es esta: la que debió ser la última confrontación y en la que salí perdiendo. 
Mis ojos miraban al vacío; rojos, llenos de lágrimas y sin soltarlas, enfurecidos. Mis brazos cruzados sobre mi pecho, que apretado me hacía temblar mientras respiraba con dificultad. Mi rostro sin ninguna expresión, las líneas de mi cara desaparecidas, mi cuerpo por completo dirigido hacia la puerta, esperando que en cualquier momento la abrieras y te largaras de una vez por todas. Tú comenzando tus ruegos, tratando de separar mis brazos y cogerme las manos. Llorando, gritando explicaciones, pidiendo que te escuchara, arrodillándote y rindiéndote finalmente. Haciéndote al costado, esperando mi respuesta, cubriéndote la cara con las manos. Cinco segundos de debilidad, lo único que escuchaba era mi corazón latiendo en todo mi cuerpo, mis palabras eran absolutamente incoherentes mientras tú continuabas enredándote en tus mentiras. 
Te hice la pregunta definitiva aún cuando ya conocía la respuesta. Clavaste tus ojos en los míos y juraste por un Dios cualquiera que lo que decías era cierto. Me permití dudar, me puse de pie y abrí la puerta. Te pedí que te fueras, que era tarde y que lo pensaría, te dije. No pensé absolutamente nada esa noche. Ignoré por completo mi propia voz, la que me decía en un grito que la mentira era evidente, y decidí creerte antes de haberlo realmente decidido. 
Ahora que estoy desde el sillón de al frente contemplando la misma escena, no consigo perdonarme del todo ese terrible error. Haber permitido tu juego mental con mi cerebro, tu manipulación asquerosamente trabajada con alevosía. Me duele todavía como si la hubiera escuchado el día de hoy. Tamaña mentira, genial traición. Me duele mucho más haber sido tan inocente, dejar que me mintieras en la cara ese día y todos los malditos días que le siguieron... 

No me pidas que te perdone de nuevo. Por favor, no lo hagas nunca. Ni ahora ni en veinticinco años, no quiero que exista ni siquiera una minúscula posibilidad de que creas que lo que hiciste tiene remedio. Sé que me pediste que no escribiera de esto. Por algún tiempo tuve miedo, pero prefiero hacerte mejor fama y exponerte en toda tu cobardía, así que aquí estoy contando una de tus mejores historias para la colección. Haz absolutamente lo que quieras, diles a todos que estoy loca, que jamás lo voy a superar, cuéntales como creías que ya éramos amigos, escríbeme tratando de intimidarme... Mejor aún, haz todas las anteriores. Yo solo quería que no se te olvide: sigues siendo el mejor mentiroso que conocí en mi vida. 
Y gracias eh, muchas gracias por toda la mierda... 
Hoy soy otra persona.



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